La noche en la que Madrid bailó ska: Vendetta + Doctor Prats

Viernes 5 de mayo, día frío para ser primavera. Pero la Sala Caracol auguraba una buena noche de fiesta en la que, el frío no iba a ser problema. Ni el frío, ni nada. De hecho, quedó demostrado que ni el idioma fue impedimento para que el público cantara y bailara.

Doctor Prats – Lourdes Martínez

Directos desde Terrassa, Barcelona, llegaron Doctor Prats. Encarecidamente nos pidieron eso de «No t’encantis» (No te encantes), pero no hicimos caso. Porque ya era demasiado tarde. Ya nos encantaban, gracias a su «Rocamboleska» música. Daba igual el tiempo que estuvieran encima del escenario. Y todo lo que nos hicieran bailar, que no fue poco. En el mismo momento en el que anunciaron que se marchaban, alzamos la voz para decir que «No n’hi ha prou» (No hay suficiente).

Era el momento de Vendetta, que llegaron con «Bother the Police», para darnos a continuación la bienvenida en euskera con «Ilunpetan». Con «No volveré», anunciaba que nunca repetiría un día como aquel, así que había que aprovecharlo al máximo. Vendetta tenía mucho «Fuego» que sacar y mucha leña que repartir. Grito al cielo, aquí estamos, con la llegada de «Hemen». Muy seguida estuvo por «Reggaean Hegan», un cántico al renacimiento personal de uno mismo, lo que en cierto modo, chocaba con «No sabéis amar». Pero «¡Qué importa!», si lo único por lo que hay que luchar es por la «Sangre y revolución».

Vendetta – Lucía Arnaiz

También hubo tiempo para viajar a «África», lugar en el que la mirada del amor («Begitara Begiran») nos alcanzó, sin poder hacer nada por impedirlo. Esa fue la fuerza que nos hizo gritar que «Aún quedan ganas» para seguir luchando por lo que verdaderamente importa, como «La familia».

De lo que seguro que no nos olvidaremos, es de las largas noches de verano («Udarako Gau Luzeak»). Ningún sentimiento negatico podía nublar aquellos días en los que, «La parranda» y «La botella de ron» no podían faltar.

 Justo en el momento en el que parecía que se marchaban, los de Vendetta volvieron a aparecer en el escenario. Era imposible que se fueran sin alzar la voz en contra del maltrato, con «Pao pao pao» y sin que añadieran algo de «Leña al fuego». La venganza estaba servida. Ahora sí que sí, el concierto llegaba a su fin de la mejor manera posible.


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