Inside Out. Del Revés

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Hacerse mayor puede ser un camino lleno de obstáculos. Riley debe dejar el Medio Oeste cuando su padre consigue un nuevo trabajo en San Francisco. Ella se deja guiar por sus emociones: Alegría, Miedo, Ira, Asco y Tristeza, e intentará adaptarse a su nueva vida en San Francisco, pero el caos se instala en los Cuarteles Generales de las emociones. Aunque Alegría, la emoción principal, intenta mantener una actitud positiva, las demás emociones chocan a la hora de decidir cómo actuar en una nueva ciudad, un nuevo hogar y una nueva escuela. (FILMAFFINITY)

Hace justo una semana, pisaba el cine para ver la nueva película de Pixar, Del Revés (Inside Out). Trabajo complicado el de explicar a niños (y no tan niños), por qué sentimos lo que sentimos en cada momento de nuestra vida.
Aunque había escuchado muy buenas críticas, no sabía a lo que me enfrentaba con esta película. Y tras verla, la duda que me surgió es si todos los niños que han ido a verla hasta ahora, habrán sido capaces de entender el transfondo real de Inside Out.
El hecho de que sea de dibujos animados, facilita la comprensión de los más pequeños, sí. Igual que el hecho de que la protagonista sea una niña de 10 años. Aún así, es difícil de entender por qué no es malo sentir tristeza de vez en cuando. O por qué en ocasiones, uno puede estar triste y alegre a la vez. O por qué también sentimos ira, asco o miedo.
Los creadores de la historia han sabido trasladar al público de manera excepcional, un aspecto muy complejo como es el de los sentimientos. Nada fuera de lugar, nada incomprensible. Además, este tema es tratado con una enorme sensibilidad, que en ciertos momentos de la película, se transforma en lágrimas. Lo cierto es que conseguir estos resultados en estas circunstancias, era difícil.
Al final, el mensaje permanece: a lo largo de nuestra vida, sentiremos ira, alegría, tristeza, miedo o asco. No sólo una vez, sino cientos y miles. De hecho, habrá ocasiones en las que tengamos varios de estos sentimientos encontrados. Todo eso es lo que nos hace humanos. Todo eso es lo que nos hace ser nosotros mismos.


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Relatos salvajes

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«Relatos salvajes» o cómo el ser humano es capaz de perder la paciencia, mostrando su lado más violento y agresivo. Esta película argentina, dirigida por Damián Szifron, es una antología de pequeñas historias que muestra la reacción de las personas ante casos realmente extremos y en ocasiones hasta irreales. Seis tramas diferentes que dejan entrever la parte más «bestia» del ser humano. Según el director, las narraciones muestran «la difusa frontera que separa a la civilización de la barbarie, del vértigo de perder los estribos y del innegable placer de perder el control».

El inicio de la película viene marcado por «Pasternak». Un relato impactante, no tanto por las escenas del cortometraje, si no más bien por la historia que narra. Un piloto, un grupo de pasajeros y una terrible tragedia. Unos hechos muy similares a los que han marcado la actualidad informativa, y por los que el reciente estreno de la película en algunos países, ha causado ciertas críticas.

«Las ratas» es la segunda narración de la obra de Szifron. Una historia sobre la venganza y las consecuencias de tomar la justicia por nuestra propia mano. El abuso de poder y el dolor que este causa, son los móviles de la vendetta.

En el ecuador del film, «El más fuerte». Uno de los relatos más impactantes, desde mi punto de vista. En este corto, el director sabe llevar al extremo la locura que, en ciertas ocasiones, invade a los humanos hasta el punto de desear la muerte ajena. Leonardo Sbaraglia hace un enorme papel en esta historia.

«Bombita» es la siguiente. Una de las narraciones que más crítica social muestra: crítica al sistema y a las injusticias que se cometen. Simón Fisher (Ricardo Darín) es un ingeniero, cansado de la burocracia de su país. Tras varias quejas ante los órganos gubernamentales pertinentes, decide repartir justicia después de que remolquen su vehículo de forma injustificada.

«La propuesta» es otro de los relatos más críticos. Un sistema judicial corrupto, al que interesa más el poder económico que el deseo de hacer justicia. ¿A alguien le suena? Una temeridad al volante que acaba en asesinato Un niño rico que con dinero todo lo consigue. Remordimientos. Al final, una situación que se escapa de los límites del ser humano.

«Hasta que la muerte nos separe» es la locura hecha cortometraje. No hay manera de explicar esta historia sin contarla entera. En apenas media hora, Szifron muestra todas las reacciones posibles de una persona cuando descubre que le han sido infiel. Pero absolutamente todo llevado al límite. La frialdad del novio en ciertos momentos, la sangre caliente de la novia en otros. Érica Rivas hace un «papelón» increíble, es capaz de pasar de la alegría más tremenda a la rabia más absoluta, sin perder una pizca de credibilidad.

Una película brillante. ¿Hasta qué punto actuamos los seres humanos como verdaderos salvajes?


 

 

Perdiendo el norte

perdiendo el norte

Hugo (Yon González) y Braulio (Julián López) son dos jóvenes españoles con carrera universitaria y brillante futuro en Ciencias Económicas y Biología, respectivamente. Pero en España no. Ante la falta de posibilidades en su país, los dos amigos deciden emigrar a Alemania, con la esperanza de encontrar un puesto de trabajo cualificado. Y lo encuentran, pero no donde ellos desean. «Pronto descubrirán que sobrar en un sitio no significa ser necesario en otro y que perseguir el sueño alemán puede tener mucho de pesadilla».

Una película inspirada en miles de historias que actualmente, se repiten día sí y día también. Nacho G. Velilla consigue hacer de una situación complicada para los jóvenes españoles, una comedia con «puntazos». Momentos de risas los de Julián López esforzándose en hablar alemán, Younes Bachir tratando de enseñarle o Miki Esparbé, en el papel de hermano «porrero». Buena actuación de Yon González, que es mejor actor de lo que inicialmente creía. Úrsula Corberó y Blanca Suárez no son actrices que me gusten especialmente. De hecho, en «Física o Química» y «El Barco» dejaban bastante que desear, para mi gusto. Sin embargo, en «Perdiendo el norte» se marcan una buena interpretación. Lo cierto es que los papeles de niña pija y niña borde, los hacen bien. Malena Alterio, Carmen Machi, José Sacristán y Javier Cámara en su línea.

Divertida, bastante fiel a la situación actual española, pero con un final amoroso bastante predecible, como la gran mayoría de comedias románticas. «Perdiendo el norte» es ya una de las películas más taquilleras de este 2015, comparándose así a lo que fue «Ocho apellidos vascos» en 2014. Volvería a ver la cinta de Velilla varias veces, pero no pagaría de nuevo la entrada del cine. Todo lo contrario a lo que me pasó con el film de Emilio Martínez – Lázaro, que me pareció genial en todos los sentidos. O al menos en casi todos.


Pago Justo

Pago Justo

Año 1968, Dagenham (Inglaterra). 187 mujeres trabajando en la planta de Ford de la ciudad británica, por un salario ínfimo en comparación a los 55.000 hombres del taller. Rita O’Grady y el resto de costureras de la empresa automovilística, se unen en pro de la igualdad salarial y social, inexistente en ese «mundo de hombres». Un parón de 24 horas que se transforma en una huelga de 3 semanas, y que provoca la desestabilización de toda una empresa. Con el delegado sindical y la secretaria de trabajo de su lado, las mujeres siguen adelante sin ser conscientes de todo lo que podrían llegar a conseguir. Gracias a su labor, el gobierno británico aprobó en el año 1970, la Equal Pay Act.

Un compromiso con la igualdad, que en la película va más allá del enfrentamiento con las instituciones parlamentarias británicas. La huelga de las trabajadoras de Ford no solo causó rencillas con la empresa automovilística y el gobierno, que no concebían una profesionalización del trabajo de las mujeres. La misma protagonista se enfrenta a su marido, que en un momento dado le echa en cara que nunca se ha portado mal con ella. «Ahora eres un santo, ¿es lo que me estás diciendo, Eddie?, ¿eres un maldito santo porque no has abusado de nosotros? ¡Esto es como debe de ser! ¿De qué crees que va toda esta maldita huelga? De hecho tienes razón, no eres un borracho, no eres jugador, te ocupas de los niños, no nos pegas a ninguno. ¡Oh, qué suerte tengo!, ¡por el amor de Dios, así es como debe de ser! Intenta entender eso. Son derechos, no privilegios».

En la misma línea, está el discurso final de Rita O’Grady ante los delegados de los Sindicatos de Trabajadores. «Estamos juntos en esto, hombres y mujeres. No estamos divididos por sexos. Sino por aquellos que están dispuestos a aceptar la injusticia. No es un privilegio el que las mujeres podamos aspirar a tener los mismos derechos que los hombres, es una cuestión de principios y justicia».

Una lucha contra el machismo y la desigualdad, comparable a la batalla librada por las sufragistas. Una lucha que hoy continúa, aunque de manera más sutil.


Un blanco y negro, por favor

Llegar un martes a la universidad, saber que vas a dar 4 horas de castellano y pensar: “Esto va a ser horrible”; y más cuando te enteras de que van a poner una película en blanco y negro. Sin embargo, al final descubres que 12 hombres sin piedad es una gran obra.

Pongámonos en situación: un juicio por homicidio. Doce hombres han de determinar la inocencia o culpabilidad de un joven, acusado de asesinar a su padre. Las pruebas son muy evidentes: el chico es culpable. Por este motivo, once de los doce hombres del jurado quieren llevarlo a la silla eléctrica. Pero, ¿de verdad las pruebas están tan claras? Para el miembro número ocho (Henry Fonda), no. En ningún momento dice estar seguro de la inocencia del joven, pero sí que demuestra su capacidad de análisis.  

Esta película es un claro ejemplo de la debilidad de la mente humana. Debilidad porque en muchas ocasiones, dejamos que ciertos acontecimientos de nuestra vida nos inunden mientras llevamos a cabo otras tareas. Por ejemplificar: a uno de los miembros del jurado, la falta de su hijo durante los dos últimos años, no le permite ver con claridad los razonamientos de los demás. De ahí, la mentalidad cerrada que muestra durante todo el largometraje.
También es reconocible la facilidad que toda persona tiene, de ser influenciada. De ahí, que muchos de los miembros del jurado cambien tanto de opinión. Al fin y al cabo, solo uno de ellos se mantiene firme en su postura.
Por último, es importante destacar la cantidad de prejuicios humanos. Varios de los integrantes del jurado, sin saber realmente si el acusado es inocente o culpable, lo consideran agresivo e incluso mala persona.
12_Hombres_Sin_Piedad-Interior_Frontal

“Si no cree al muchacho, ¿por qué cree a la mujer? Son los dos de la misma calaña”.

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