El musical de «El Rey León» en Monóvar

IMG_20160430_174009Es una de las películas de Disney más queridas y el Teatro Lope de Vega (Madrid) se ha convertido en uno de los lugares más reconocidos por la representación del musical de El Rey León, que ha conseguido batir récords tras cinco temporadas.

Monóvar ya puede presumir de tener su propia versión de El Rey León. El pasado fin de semana el musical llegó al Teatro Principal de la localidad, gracias a la dirección de Lourdes Pérez, Elena Picó, Amàlia Cortés y Marina Oncina, y gracias a la participación de su más de 70 actores amateurs, todos monoveros. Una función que en principio tan solo iba a tener dos pases. Sin embargo, debido a que el cartel de «sold out» se colgó en apenas unas horas, hubo que ampliar a una tercera sesión, el viernes, cuando se realizó el preestreno.

Lourdes Pérez y Elena Picó no son nuevas en la organización de musicales, pues este es el segundo, tras el de La Bella y la Bestia. El público salió satisfecho de ambos, aunque personalmente, El Rey León rompió todos mis esquemas.

Muchos de estos pequeños (y no tan pequeños) actores repetían de un musical a otro. Y lo cierto es que algunos, como David Gil (Scar), han conseguido mejorar su papel de La Bella y la Bestia. Para mí, el mejor del musical, por su intepretación y por su voz. Hugo Galeote como el pequeño Simba, Gema Gómez como Nala pequeña y Marta Poveda como Zazú también hicieron una gran interpretación. De hecho, esta última consiguió darle un toque muy personal a su personaje. En cuanto al trabajo de Hugo, este se ha visto recompensado por su selección para la Escuela del Musical del Rey León de Madrid. Sin duda, un enorme mérito el de los cuatro, teniendo en cuenta que eran los más pequeños, con un papel protagonista dentro de la obra.

IMG_20160430_191911El musical ya comenzó erizándome la piel, con la voz de Ana Pérez (Rafiki), interpretando «El ciclo de la vida» (y es que para quienes ya la habíamos escuchado cantar, sabíamos que apuntaba maneras y que posee talento con ese torrente de voz que tiene). Por su parte, Lourdes Pérez y Miriam Capdevila, las hienas Chansie y Banzai respectivamente, también se salieron actuando y cantando. He de decir que ese toque rockero en la canción de «Comer» fue un puntazo.

Aunque para puntazos, el guiño que se hizo al pueblo monovero, cuando Timón (Mónica Gil) y Pumba (Lourdes Samper) salieron a escena con dos de las cabezas de los «Nanos i Gegants».

En este sentido, gran admiración por la valentía de los más mayores a la hora de actuar en El Rey León. Del mismo modo que Mónica Gil y Lourdes Samper, destacar la participación de Rosa Bernabéu (Sarabi) y del resto de manada de leonas: Reme Verdú, Encarni Álvarez, Consuelo Gómez, Raquel Verdú, Noelia Cucarella y Lourdes Palomares.

Especial mención al trabajo de los otros tres protagonistas de la obra. Raúl Gil, en su línea como Simba adulto; un Santi Alberola genial como Mufasa, que se ha superado, en comparación a su anterior papel como Bestia; y una grata sorpresa la de la voz de Cristina Pastor (Nala adulta).

Del mismo modo, mi admiración a la banda de música La Artística, cuyo papel siempre es importante, ya que se encargó de poner la música en directo de la adaptación de la obra.

«El pasado puede doler, pero puedes huir de él…o aprender»

Sufre mamón, el musical

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¿Quién no recuerda su etapa de la adolescencia? Las ganas incontrolables de salir con los amigos, esas mariposas cuando ves a la persona que te gusta, las dudas y por supuesto, esa inevitable sensación de que nuestros padres no nos entienden, olvidándonos de que ellos antes de ser adultos, han sido adolescentes. Por eso, de vez en cuando, viene bien una buena dosis de realidad. Más que nada para hacernos entender cómo es esa fase. O para hacernos recordar. ¿Y hay alguna manera mejor, que ver todas esas sensaciones convertidas en musical?

«Sufre mamón», obra protagonizada principalmente por adolescentes, supo reflejar a la perfección todas estas emociones, dudas y debates internos que todo ser humano ha experimentado en la etapa de la pubertad: desde la relación entre los propios adolescentes hasta la relación con los padres. Jóvenes de todas las edades e incluso niños, además de adultos, se subieron el sábado 25 de julio, sin miedo, al escenario del Teatro Principal de Monóvar. Y no solo una vez, sino dos. Un enorme trabajo en equipo, que bajo la dirección y supervisión de Xavi García, dio muy buenos resultados.

11813492_10207529508504702_3956074175320388024_nNo son profesionales, pero no por ello, tienen menos mérito. A pesar de ser una obra amateur, hubo gratas sorpresas por parte de todos los actores. Papeles que se salían por completo de la personalidad real de los chicos y chicas que estaban detrás de los personajes ficticios. Quizás, los cambios más radicales  y llamativos, pudieron verse en Raúl Gil, Berta Monzó, Ana Ruzafa o Santi Alberola, y en los adultos Carlos Maluenda y Lourdes Samper. También hubo grandes sorpresas entre los más pequeños del espectáculo: Quique, Martina y Belén. Sin duda alguna, una actuación de 10, la de todos y cada uno los actores.

Además, es importante destacar las voces de los actores, que lo dieron todo cantando. Realmente, había gente con talento, como María y Julia Sánchez. Y por supuesto, las coreografías. Gran mérito por parte de todos los intérpretes, tanto grandes como pequeños, a la hora de aprendérse los bailes e ir todos coordinados.

11705373_10207529510024740_7207890661014746140_nMás de dos horas de risas, pero sobre todo, de emociones, en las que por supuesto, hubo sorpresas más allá de la intepretación, voces y coreografías. Y es que, ¿quién se esperaba que aparecieran Tomás «El Escandalós» y José Miguel Sánchez, uno de los sacerdotes de Monóvar? Un puntazo en toda regla, que dejó patidifuso a más de uno, principalmente por los bailes y la «marcha» que llevaban los dos en el cuerpo.

Y es que, en muchas ocasiones, las ganas de hacer las cosas bien y el ímpetu por disfrutar de cada momento, mueven mundos.


El humor absurdo de Sólala

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Lea donde lea, de Sólala se dice que tiene un argumento difícil de explicar. Y así es: sencillamente hay que verla. Si bien es cierto que parte de una historia central: una mujer, que en plena posguerra, debe sacar a sus quintillizos adelante. Con un marido en el Frente y un casero acosador, debe ver cómo va perdiendo a todas y cada una de las personas que la rodean. Todo lo demás, es puro espectáculo: magia, sombras y flamenco. “Por encima de la historia, está la actriz y su punto de vista. Esta es una de las bazas de tanta risa: la búsqueda incesante de querer hacerlo bien, con ciertas limitaciones”, cuenta la intérprete Cristina Medina.

Sola ante el público

Con Conversaciones con mamá decía que no hacían falta miles de actores para llenar un teatro. Sólala lo vuelve a demostrar. Una Cristina Medina se come el escenario desde el minuto 0, con su particular número de flamenco. La fórmula maestra: la naturalidad y la sencillez. “La primera foto en un escenario, la tengo con 3 años. Pero mis inicios como actriz se remontan a 1992, en un programa de televisión en Canal Sur”, cuenta Cristina Medina. “Es una profesión que amo por encima de todo y que me enriquece muchísimo a nivel personal. La ilusión por estar delante de un público es una necesidad para mí”, añade. Pero, ¿qué se siente realmente al no tener a nadie más en el escenario? Sin duda alguna, sacar adelante un espectáculo de humor, sin el apoyo y respaldo de otros actores es un tarea muy complicada. “Estar sola en un escenario te obliga a encontrar recursos sobre ti misma, y eso hace que evoluciones –permíteme la expresión- por cojones. Si no, te vas al garete”.

El reestreno de Sólala

Sólala se estrenó en el año 2004, cosechando un éxito rotundo nacional e internacionalmente. La aceptación y las buenas críticas, han hecho que Cristina Medina y su equipo regresen a los escenarios para reestrenarla. Y Sólala ha vuelto con una novedad: la música en directo del pianista Mariano Marín. La propia actriz habla sobre el músico de manera muy positiva: “Es un gran artista y compositor, además de ser alguien con quien me entiendo a la perfección. Estoy feliz de trabajar con él”. ¿Y qué aporta la música en directo a la obra de teatro?  “Al tratarse, en parte, de un melodrama en clave muda, tener a un pianista siguiendo al personaje es magnífico”, explica Cristina.

El nacimiento de Pez en Raya

Bajo la firma de Pez en Raya, surge Sólala. Esta compañía de teatro fue creada por la propia Cristina Medina y su compañero de escenario Joan Estrader, hace más de 15 años. Pero, ¿por qué? “Sentía una necesidad de investigar mi propio lenguaje encima del escenario y de aprender todo lo que tiene que ver con hacer un espectáculo. No sólo quería ser actriz, también quería crear mis propias historias”, explica la sevillana. El estilo de Pez en Raya es peculiar. Huyen de los dramas y de las críticas sociales, para hacer reír, con un humor totalmente absurdo, que puede o no entenderse. “Desde nuestros inicios, siempre hemos tenido muy buena acogida por parte del público”, cuenta la artista. “Las carcajadas y el asombro por la energía con la que trabajamos son las reacciones más comunes. Realmente, para nosotros es muy importante la complicidad con el espectador: siempre tratamos de enseñar el placer de estar con ellos”, comenta.

La magia del teatro

A nivel nacional, Cristina Medina es conocida como Nines Chacón. Sin embargo, el teatro forma parte de la actriz desde hace mucho más tiempo que la televisión. “Es especial. Tienes al público delante, percibes en todo momento sus reacciones, y además tú eres la responsable de lo que les ocurre. A mi esa responsabilidad me gusta, me aporta muchísima energía y me gratifica cuando los oigo partirse la caja”, narra la intérprete. Una actriz y una obra que no tienen desperdicio.

La Bella y la Bestia

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Hace unas semanas, escribía: “no se necesitan muchos actores para llenar el escenario, ni una historia muy elaborada para ocupar todas las butacas”. Hoy, puedo añadir que tampoco hace falta que los artistas sean unos expertos para que aplauda hasta no notarme las manos. Nunca hay que subestimar a nadie, ni siquiera al más pequeño de la casa, porque nunca sabes hasta qué punto te sorprenderá.

Un cuento infantil, llevado a la animación, y por supuesto, al teatro. ¿Qué obra es, si no La Bella y la Bestia? Habrá sido representada infinitas veces, pero ninguna de ellas es igual a la anterior. Desde el sábado 14 de junio, Monóvar tiene su propia versión.

Cualquier buen resultado, conlleva un gran trabajo y una gran responsabilidad. Ocho meses se dice rápido. Pero es mucho tiempo. Tiempo que pasa en un abrir y cerrar de ojos. En realidad, han sido ocho meses con decorados y trajes hechos a mano, con un grupo grande de niños a los que coordinar, con guiones que memorizar, y partituras y canciones que aprender. Después de tantos días de espera, había bastantes expectativas y muchas miradas puestas en el musical: desde los familiares y amigos, hasta los propios artistas. Sin olvidarnos de los más pequeños, que ya venían preparados de casa.

¿Y qué sería de La Bella y la Bestia sin música? Yo reconozco que tengo muy poco oído musical. Nunca lo he tenido. Pero sí que me he dado cuenta de una cosa, y es que los directos desprenden una magia de la que solo se puede disfrutar una única vez. Habría sido mucho más fácil buscar la banda sonora de la obra en internet, reproducirla el día de la actuación y cantarla, pero sinceramente tiene más mérito que La Artística de Monóvar acompañara a los actores en el escenario. Ese toque tan personal, hizo que esta versión fuera especial.

Lo bueno de cada función teatral es que es única e irrepetible. Precisamente por eso, se disfruta más. Por mucho que veas una obra, cada vez te transmitirá sensaciones diferentes. Gracias al mundo de la interpretación, ves cómo personas a las que conoces de puertas para afuera, se convierten en otras con solo pisar el escenario. Es entonces cuando te das cuenta de que tus hijos, hermanos, primos y amigos son ahora Bella, Bestia, Gastón, Lefou, Maurice, Ding Dong o Lumière. Quizás solo sea el hechizo de la anciana mendiga, que llega a todos los rincones del teatro y transforma a todos y cada uno de los artistas.

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Conversaciones con mamá

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Arthur Miller decía: “El teatro no puede desaparecer porque es el único arte donde la humanidad se enfrenta a sí misma”. Conversaciones con mamá es un claro ejemplo de ello. Es una obra tan real como magnífica. Los problemas que asolan a nuestra sociedad van desde el trabajo, la crisis y el dinero hasta el amor, pasando por el egoísmo y el orgullo. Y así lo muestran Jaime y su madre. Él está ahogado en un mar de conflictos económicos y personales; y ella, con tranquilidad y buen humor, vive en un mundo donde las penurias ya han quedado atrás. Durante hora y media mantienen una larga charla, en la que rescatan recuerdos y secretos guardados bajo llave. Filosofan, hablan de la vida, dejan de lado la típicas conversaciones telefónicas madre-hijo, que se hacen por cortesía…Esta obra, muestra el valor real de los padres, en especial el de las madres. ¿Qué haríamos sin ellas?

Gran error sería juzgar esta historia sin ni siquiera verla. Puede resultar tedioso ver cómo dos personajes simplemente conversan entre ellos durante una hora y media. Yo misma creía que me cansaría o me aburriría. Pero para nada es así. Desde el minuto cero, Juan Echanove y María Galiana provocan en los espectadores una mezcla de sentimientos, que hace mantenerlos alerta ante los giros que da la historia. Sin duda, para mí, la palabra que mejor define Conversaciones con mamá es sublime. Realmente es una auténtica obra de arte.

Demostrado queda que no se necesitan muchos actores para llenar el escenario, ni una historia muy elaborada para ocupar todas las butacas. Basta con dos artistas y con un guion sencillo y fiel a la realidad de todos los españoles. Sobra con que estén Doña Herminia y Miguel Alcántara, para hacer que el público disfrute de Mamá y de Jaime. Séneca definía esta realidad a la perfección: “La vida es como una obra de teatro: no es la duración sino la excelencia de los actores lo que importa”.

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