La noche en la que Madrid bailó ska: Vendetta + Doctor Prats

Viernes 5 de mayo, día frío para ser primavera. Pero la Sala Caracol auguraba una buena noche de fiesta en la que, el frío no iba a ser problema. Ni el frío, ni nada. De hecho, quedó demostrado que ni el idioma fue impedimento para que el público cantara y bailara.

Doctor Prats – Lourdes Martínez

Directos desde Terrassa, Barcelona, llegaron Doctor Prats. Encarecidamente nos pidieron eso de «No t’encantis» (No te encantes), pero no hicimos caso. Porque ya era demasiado tarde. Ya nos encantaban, gracias a su «Rocamboleska» música. Daba igual el tiempo que estuvieran encima del escenario. Y todo lo que nos hicieran bailar, que no fue poco. En el mismo momento en el que anunciaron que se marchaban, alzamos la voz para decir que «No n’hi ha prou» (No hay suficiente).

Era el momento de Vendetta, que llegaron con «Bother the Police», para darnos a continuación la bienvenida en euskera con «Ilunpetan». Con «No volveré», anunciaba que nunca repetiría un día como aquel, así que había que aprovecharlo al máximo. Vendetta tenía mucho «Fuego» que sacar y mucha leña que repartir. Grito al cielo, aquí estamos, con la llegada de «Hemen». Muy seguida estuvo por «Reggaean Hegan», un cántico al renacimiento personal de uno mismo, lo que en cierto modo, chocaba con «No sabéis amar». Pero «¡Qué importa!», si lo único por lo que hay que luchar es por la «Sangre y revolución».

Vendetta – Lucía Arnaiz

También hubo tiempo para viajar a «África», lugar en el que la mirada del amor («Begitara Begiran») nos alcanzó, sin poder hacer nada por impedirlo. Esa fue la fuerza que nos hizo gritar que «Aún quedan ganas» para seguir luchando por lo que verdaderamente importa, como «La familia».

De lo que seguro que no nos olvidaremos, es de las largas noches de verano («Udarako Gau Luzeak»). Ningún sentimiento negatico podía nublar aquellos días en los que, «La parranda» y «La botella de ron» no podían faltar.

 Justo en el momento en el que parecía que se marchaban, los de Vendetta volvieron a aparecer en el escenario. Era imposible que se fueran sin alzar la voz en contra del maltrato, con «Pao pao pao» y sin que añadieran algo de «Leña al fuego». La venganza estaba servida. Ahora sí que sí, el concierto llegaba a su fin de la mejor manera posible.


La noche en la que floreció la «Magnolia»

Con la llegada de la primavera, las flores crecen y resurgen tras el frío del invierno. Y la «Magnolia» de Rufus T. Firefly no iba a ser menos.

Era sábado 22 de abril. Una Sala BUT abría sus puertas tímidamente a las 20.30 horas, para recibir entre una masa de espectadores a las 21.00 horas, a Basanta. Envueltos con sus míticas máscaras y con la rapidez de un «Coyote», los vigueses supieron hacer rápidamente «Legión». Cualquier «Sacrificio» merecía la pena, si el resultado era esa «Cromestesia» que desprende la música de los gallegos. Media hora que se hizo tremendamente corta y que demostró hasta la saciedad, que «La vida es arte».

Lo que se hizo largo fue el tiempo de espera, hasta que los de Aranjuez aparecieron en el escenario. Eran las 22.00 horas. A paso lento, «Tsukamori» apareció montado sobre «El Halcón Milenario». El riesgo era inmenso. Tanto que, en cualquier momento, se podría haber generado un «Incendiosuicida». Pero finalmente, todo salió bien.

Con su particular seña de identidad, «–o–», la gran «Midori» surgió entre tinieblas, cual «Espectro», para transformarse finalmente en un «Cisne Negro». En realidad, era su «Última Noche en la Tierra» y lo único que quería era sentirse como en «Pulp Fiction».

Rufus nos hicieron viajar hacia la antigua «Pompeya», lugar en el que «El Problemático Winston Smith» apareció, para cantar su propia versión de «Lucy in the Sky». Y es que, ¿cómo no iban a estar The Beatles en una noche como esa?

Con «Nebulosa Jade» desaparecieron. Pero no definitivamente. Porque de repente, Julia y Víctor regresaron acompañados de Alice Wonder, quien con una desgarrada voz, interpretó la «Canción Infinita». Un himno que sirvió para que la ansiada «Magnolia» se abriera, derramando su perfume a lo largo y ancho del «Río Wolf». Río en el que, esa noche, nos bañamos todos los que en la Sala BUT nos encontrábamos.


Madrid azotada por la tormenta del metal

Un festival, cuatro ciudades, tres bandas. El «Alma de Fuego Fest» es la propuesta de Zenobia para presentar su nuevo álbum, «Alma de Fuego II». El pasado 17 de marzo, fue el turno de Madrid.

A las 19.30h, con una puntualidad extrema, apareció Regresión para abrir el festival en la Sala Penélope. Llegaron con la clara intención de liberar a todos los «Prisioneros» que fueron encarcelados aquel fatídico «5 de noviembre». Cuarenta minutos que pasaron rápido y que dieron para mucho. Tiempo suficiente para que, con «La Balada de Trafalgar», aparecieran «Mil sirenas». Y es que, ¿hay algo mejor en «Un día como hoy», que alzar la voz y decir que «Sigo vivo»?

Guadaña fueron los siguientes. Con «Aún sigo en pie», nos enseñaron a todos a «Ser uno mismo». Y para quien tuviera dudas todavía, también mostraron eso de «Yo soy la ley». Ni siquiera el «Dios del trueno» pudo imponerse con su «Némesis», pues «Nuestra revolución» fue mayor. Fueron 60 minutos donde las voces de cantantes tuvieron una extraordinaria fusión, aunque no ocurrió lo mismo sobre el escenario, donde se les vio algo confusos y llegaron a molestarse entre ellos en un par de ocasiones.

No eran las 22.00h todavía. Por fin el plato fuerte, Zenobia. Con la rapidez con la que se disparan «100 dardos», los riojanos fueron apareciendo uno a uno en el escenario. La escalinata en la que rezaba el emblema «Militia est vita», junto a la imponente batería de Javi Herrero con los habituales platillos rojizos y la Z en los dos bombos, ocupaban la parte central del escenario. Mientras, como guardianes del reino, estaban el Genio de Aladdin y Jack, las mascotas de Víctor de Andrés.

Como si se tratara de «La última vez» y como si no hubiera un mañana, «Ícaro» apareció envuelto «Entre tinieblas». Venía dispuesto a dar guerra. Sin embargo, gracias a «El pacto», su «Corazón de hielo» reblandeció.

Los riojanos incluso nos llevaron hasta «Las arenas de Palmira». Era «Mi destino» llegar hasta allí. Igual que demostrar cuán «Valiente» soy. Aun así, a pesar de prometer que «No voy a llorar por ti», no pude evitar pedirte una cosa: «Vuelve». Por eso, acabé por mostrarme «Ante tus ojos».

Atravesamos miles de «Océanos de fuego». Era momento de reunirnos y cantar juntos aquello de «Brindemos por una canción». Con la furia ya desatada en la sala, se dirigió a mi uno de mis acompañantes al grito de «Mi alma es tempestad». Parecía convertirse en el mismísimo «Ángel Negro» y todo podría haber dado un giro dramático de no ser porque, mirándole a los ojos, le aseguré que «Borraré tu nombre».

Jorge daba el aviso, el último tirón del concierto no iba a ser coser y cantar. Comenzaba el abordaje y los disparos de cañones, con «Una de piratas». Afortunadamente, «La tormenta» no arreció en ningún momento. Ni siquiera cuando el concierto llego a su fin. Y es que la verdadera tormenta, la creamos nosotros. Es algo que, inevitablemente, «Lo llevo en la sangre».

Al finalizar el concierto, los componentes de la banda bajaron del escenario para compartir con los asistentes impresiones, comentarios y muchas fotografías. Pudimos preguntarles sobre sus próximas actuaciones, que serán en Bilbao y Barcelona, siguiendo la gira «Alma de Fuego Fest». También actuarán en los festivales Viña Rock y Leyendas del Rock. Y están planeando una visita a tierras latinoamericanas a finales de año.


Texto: Lourdes Martínez & Joaquín Corbí

La noche más heavy del Festival Cultura Inquieta

El festival de los festivales daba el pistoletazo de salida el jueves 30 de junio. Desde ese día y durante las siguientes tres semanas, numerosos artistas de distintos géneros, pasarán por el escenario del Festival Cultura Inquieta 2016.

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El pasado viernes 1 de julio, fue el turno del heavy español, que vino de la mano de tres de las bandas más emblemáticas del panorama nacional: Saratoga, Ñu y Barón Rojo.

Apenas eran las 9 de la noche cuando Saratoga saltaba a escena, incitando a los espectadores con su nuevo disco, a Morir en el bien, vivir en el mal. Decidieron empezar por «arrasar la ciudad» con A morir, para pasar luego a relatar «una historia que pasó», cuando «en un día gris, él caminaba sin razón». Fue así como Tete Novoa alzó la voz y cantó No sufriré jamás por ti. La Etérea pasión por el Heavy Metal es capaz de poner fin a este sufrimiento. Entonces llegó el momento de «contar hasta diez» y de que se eleven los Vientos de guerra. Una guerra que no le impedirá prometer que Volverá para bailar El último vals. Y sin importar «si existe un final», se produjo el momento de la Resurrección. Sin embargo, el final se acercaba, el concierto pasó Como el viento y Saratoga cerró el espectáculo, cantándole a aquel Perro traidor, ese «que no vale nada» y «que siembra veneno al hablar».

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No habían dado las 11 de la noche. Era el turno de Ñu. Comenzaban con un cántico a los Animales sueltos, porque luego Tocaba correr. Y cuando el Fuego comenzó, llegó Ella para calmar «su sed dentro de ti». Más fortalecido y mucho Más duro que nunca, apareció El flautista, quien aseguró totalmente convencido: «Sé quién tiene la llave de una ciudad. Sé quién tiene la espada que vencerá». Una historia que, tras sacarla a relucir, se merecía Una copa por un viejo amigo.

Ya pasada la medianoche, Barón Rojo se preparó para cerrar la noche. «No hay tiempo que perder, en marcha me tengo que poner». Entraron pisando El pedal y «como un auténtico animal», cantaron Al final, perderán. Era el momento de todo tipo de Incomunicación externa. La noche era una de esas tantas Noches de Rock & Roll, en las que había que acabar hasta con las Botas sucias. Todo lo demás sobraba. Hubo momento también para que, como un Fugitivo, apareciera el Hijo de Caín y se proclamara Hermano del Rock & Roll. Es más, su rebeldía contra El presidente, «responsable de todos los males de mi ciudad», le llevó a asegurar: «Resistiré hasta el fin». Y así es como poco a poco, «la magia se desvaneció» con Siempre estás allí, pero la estela de estas tres bandas permaneció incluso después del concierto.


V edición del EMDIV: el antes y el después del festival

Con la llegada del solsticio de verano, los festivales de música empiezan a desfilar uno tras otro hasta bien entrado el otoño. El Emdiv de Elda ha sido uno de los primeros de este año, aunque el MadCool Festival de Madrid o el Festival de les Arts dejaban entrever todo lo que se avecina en esta etapa estival.

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Como signo de buen augurio, Gimnástica fue la banda encargada de abrir el festival con una canción con alta carga de La buena suerte. Eran las 17.20 horas del sábado 25 de junio. A pesar del calor aterrador, los alicantinos fueron capaces de hacer que todos aquellos, que poco a poco, entraban en el recinto, los acompañaran a un especial viaje por la Montaña, su trabajo más reciente. Una travesía en la que tan solo existía una máxima, resumida en Si te veo bailando. Casi una hora que pasó más rápida que el viento. La cima estaba cada vez más cerca. Aunque lo mejor de la escalada, fue poder Saltar en paracaídas, para luego Resetear las mentes de los espectadores. Eso dio paso a Olivia. Eso sí: la sesión de Dimas DJ iba antes.

Siendo uno de los grupos míticos del festival, los eldenses Olivia se subieron al escenario con la clara intención de hacer sudar y bailar a la gente. Y es que ni las horas intempestivas a las que tuvieron que actuar, impidieron que con temas como Lluvia, los espectadores «volvieran a nacer».

Resurgimos y sí, volvimos a nacer. Tras la sesión de los DJs del EMDIV, se hicieron las 8 de la tarde y la «pequeña» Zahara apareció en el escenario. Aunque faltaron algunos comentarios mordaces tan suyos, la dulce voz de la cantante atravesó cualquier tipo de barrera. Bajo la promesa «No le digas a nadie que no llegué a tiempo», la cantante interpretó Merezco, para a continuación llamar al escenario a Marc Ros, cantante de Sidonie. Juntos nos contaron la Historia Universal (El amor no es lo que piensas), de Deluxe. Zahara tuvo tiempo de dejarnos sin respiración, con Oh salvaje, para posteriormente helarnos hasta las entrañas con El frío. ¡Cómo no! La rubia también bailó para nosotros y, rescatando ese «Yola mola mil», la Caída libre fue inevitable. Una caída que sirvió para emprender Camino a L.A. Así durante más de una hora de concierto. Y cuando parecía que la fiesta se iba a alargar hasta el infinito, Aquel letargo sin fin tocó fondo, para dar paso a la siguiente banda.

Así es como llegó Sidonie, tras la sesión de los DJs de Corrientes Circulares. Y es que tras recorrer multitud de Carreteras Infinitas, el trío catalán se plantó en el escenario para presentar éste su último single, además de para anunciar que en septiembre u octubre, publicarán su nuevo álbum. No podían dejarse nada en el tintero, por lo que, con ayuda de Zahara, los chicos de Sidonie sacaron a relucir a Los Olvidados. Un concierto breve pero intenso, en el que Marc Ros demostró eso de que «Yo soy la crema». Y es que ni Un día de mierda, podría haber arruinado su actuación.

EMDIV

Foto: Organización Emdiv

El toque internacional vino de la mano de los irlandeses Delorentos, que actuaron tras el DJ Yiorch. Eran las 11 de la noche. La banda, una de las más aplaudidas en todos los festivales, se mostró agradecida en todo momento con el público. Con canciones como Everybody else gets wet o Did we ever really try?, no dejaron a nadie indiferente. Una actuación que marca un antes y un después en la historia del festival, que por primera vez contó con una banda internacional.

Cristian Set Roc abría la medianoche con su sesión, que seguidamente dio paso a Supersubmarina, quienes a pesar de los problemas técnicos, consiguieron salvar sus respectivas actuaciones. Los baezanos comenzaron haciendo que todos dejaran atrás todos sus miedos, con Samurái. Y para aquellos que aun conservaran su mente Hermética, solo tenían que esperar a que llegara Ana, La Emperatriz. «El ambiente en la ciudad» emergió con la música de Supersubmarina y el público lo «flipó» con la aparición de Kevin McAlister. Con su particular himno de Canción de guerra, aquella Pequeña de las dudas infinitas resurgió con su Puta vida. Pero ni eso consiguió ensombrecer el concierto de los andaluces, que tras su actuación, dieron paso a los DJs, We are England.

Varry Brava fue la última gran banda en actuar, a eso de las 3 de la madrugada. A pesar de las altas horas, loras, a gente lo dio todo. Los murcianos aprovecharon el festival para rescatar su repertorio, que en otoño se renovará con el nuevo disco que están preparando. Así que, ésta fue la oportunidad perfecta para hacer bailar a los espectadores y hacer que algunos de ellos subieran al escenario, para pedirles de manera enérgica: «No gires sobre mí bailando». Tras ellos, Ley DJ se encargó de poner el broche final del festival, que finalizó a las 6 de la madrugada.


Supersubmarina arrasa con «El Mañana»

Antes de que pudiera llegar El mañana, Supersubmarina salió al escenario del Barclaycard Center de Madrid. Nada podía evitar que ellos cantaran por ese nuevo día que estaba por llegar. Y por si algún alma, todavía Hermética, se negaba a rendirse a los pies de los andaluces tras este primer tema, llegó Ana para echarles una mano. Necesitaban Algo que sirva como luz y allí estaba ella.

SS

«Buenas noches, Madrid. Somos Supersubmarina y venimos de Baeza (Jaén). Y eso es mucho decir para una noche como esta». Y lo cierto es que, ¿por qué hacer presentaciones largas? El concierto tenía que empezar. Apenas eran las diez de la noche y De doce a doce y cuarto, en el Palacio de los Deportes ya no debía quedar nadie, muy a nuestro pesar.

Y es que claro, ¿cómo querer marcharse de allí después de semejante concierto? Completar el aforo de Barclaycard Center es tarea complicada, aunque Jose Chino, Pope, Jaime y Juancha pueden quedarse satisfechos. Tanto en la pista como en las gradas, tan solo se veían cuerpos que, inundados por la música, no podían dejar de saltar. Comprensible esa sensación de querer vivir estas dos horas de concierto en bucle. Pero tranquilos, porque antes de decirnos adiós, Supersubmarina nos dio unas cuantas claves Para dormir cuando no estés.

Ese ambiente guerrero, generado por temas como Enemigo y yo, Hasta que sangren o Canción de guerra, se calmó con Pequeña de las dudas infinitas. Fue empezar a sonar y aparecer en el escenario «la pequeña Zahara» con su dulce voz.

«Sé que tendré el cielo entre mis manos», cantan en Supersubmarina. El cielo no sé, pero al público sí. Un público que entonó cada una de sus canciones, que aplaudió y que bailó, dejando de lado la Puta vida que cada uno pueda o no tener. Y es que siempre, siempre habrá un motivo para bailar. Aunque ese motivo se llame Hogueras. Sobre todo si se llama así. Nunca es tarde para aprender a hacer un molinillo con las manos, dar tres pasos hacia un lado y aplaudir.

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Tras anunciar la ausencia de Rayden, una de las colaboraciones de la noche, a causa de su reciente paternidad, José Chino quiso homenajear al suyo. Un «muchísimas gracias, papá» dio paso a Con el viento de cara.

«La siguiente colaboración no me hace nada de ilusión. De hecho, me llevo muy mal con ellos. El único puto grupo que tiene un cantante más alto que yo: Izal». Mikel, Alejandro y Alberto aparecieron entre aplausos y ovaciones. Unos pequeños problemas de sonido, acompañado por un «Es que no se os puede dejar entrar en ningún sitio», dicho por Chino, dieron paso a LN Granada.

Aunque ésta fue la última gran sorpresa de la noche, todavía quedaba por poner el broche final. En esta recta final, Supersubmarina demostró que la Niebla y la Arena y sal corren En sus venas.Y todo, para acabar con un apoteósico Cientocero


El musical de «El Rey León» en Monóvar

IMG_20160430_174009Es una de las películas de Disney más queridas y el Teatro Lope de Vega (Madrid) se ha convertido en uno de los lugares más reconocidos por la representación del musical de El Rey León, que ha conseguido batir récords tras cinco temporadas.

Monóvar ya puede presumir de tener su propia versión de El Rey León. El pasado fin de semana el musical llegó al Teatro Principal de la localidad, gracias a la dirección de Lourdes Pérez, Elena Picó, Amàlia Cortés y Marina Oncina, y gracias a la participación de su más de 70 actores amateurs, todos monoveros. Una función que en principio tan solo iba a tener dos pases. Sin embargo, debido a que el cartel de «sold out» se colgó en apenas unas horas, hubo que ampliar a una tercera sesión, el viernes, cuando se realizó el preestreno.

Lourdes Pérez y Elena Picó no son nuevas en la organización de musicales, pues este es el segundo, tras el de La Bella y la Bestia. El público salió satisfecho de ambos, aunque personalmente, El Rey León rompió todos mis esquemas.

Muchos de estos pequeños (y no tan pequeños) actores repetían de un musical a otro. Y lo cierto es que algunos, como David Gil (Scar), han conseguido mejorar su papel de La Bella y la Bestia. Para mí, el mejor del musical, por su intepretación y por su voz. Hugo Galeote como el pequeño Simba, Gema Gómez como Nala pequeña y Marta Poveda como Zazú también hicieron una gran interpretación. De hecho, esta última consiguió darle un toque muy personal a su personaje. En cuanto al trabajo de Hugo, este se ha visto recompensado por su selección para la Escuela del Musical del Rey León de Madrid. Sin duda, un enorme mérito el de los cuatro, teniendo en cuenta que eran los más pequeños, con un papel protagonista dentro de la obra.

IMG_20160430_191911El musical ya comenzó erizándome la piel, con la voz de Ana Pérez (Rafiki), interpretando «El ciclo de la vida» (y es que para quienes ya la habíamos escuchado cantar, sabíamos que apuntaba maneras y que posee talento con ese torrente de voz que tiene). Por su parte, Lourdes Pérez y Miriam Capdevila, las hienas Chansie y Banzai respectivamente, también se salieron actuando y cantando. He de decir que ese toque rockero en la canción de «Comer» fue un puntazo.

Aunque para puntazos, el guiño que se hizo al pueblo monovero, cuando Timón (Mónica Gil) y Pumba (Lourdes Samper) salieron a escena con dos de las cabezas de los «Nanos i Gegants».

En este sentido, gran admiración por la valentía de los más mayores a la hora de actuar en El Rey León. Del mismo modo que Mónica Gil y Lourdes Samper, destacar la participación de Rosa Bernabéu (Sarabi) y del resto de manada de leonas: Reme Verdú, Encarni Álvarez, Consuelo Gómez, Raquel Verdú, Noelia Cucarella y Lourdes Palomares.

Especial mención al trabajo de los otros tres protagonistas de la obra. Raúl Gil, en su línea como Simba adulto; un Santi Alberola genial como Mufasa, que se ha superado, en comparación a su anterior papel como Bestia; y una grata sorpresa la de la voz de Cristina Pastor (Nala adulta).

Del mismo modo, mi admiración a la banda de música La Artística, cuyo papel siempre es importante, ya que se encargó de poner la música en directo de la adaptación de la obra.

«El pasado puede doler, pero puedes huir de él…o aprender»

La sala Galileo Galilei recuerda a Lewin

LEWIN«¿Un miércoles es un buen día para tocar?», le llegó a preguntar en alguna ocasión Andrés Lewin a Conchita. Desde diciembre, el artista bonaerense estaba preparando su nuevo disco, «La tristeza de la Vía Láctea», que tenía previsto presentar este mes de marzo. Pero el 5 de enero, fallecía inesperadamente, dejando este álbum póstumo. Es por eso por lo que su grupo de amigos no se planteó la posibilidad de que este LP terminara guardado en un cajón. Con la idea de hacer llegar el arte de Lewin a lo más alto, anoche 16 de marzo, le rindieron homenaje en la Sala Galileo Galilei. Rescataron muchos de sus temas, además de intepretar las canciones de «La tristeza de la Vía Láctea». Un concierto lleno de magia, igual que las letras que Lewin escribía.

Sobre las 9.30 de la noche, daba comienzo el concierto, en una sala abarrotada de gente. Por el escenario empezaron a pasar todos y cada uno de los amigos de Lewin. Conchita, Marwan, Luis Ramiro, Marino Sáiz (violinista a quien Lewin descubrió), María Valverde, Pablo Cebrián (su productor), Mario Raya, Alejandro Martínez, Diego Ojeda, Tontxu o Mani fueron algunos de los que quisieron rendirle homenaje en esta magnífica noche.

El público sintió tanto el concierto, como si el propio Andrés hubiera sido quien cantara. María Valverde apareció en el escenario con su potente voz, tras Conchita y Luis Ramiro, quienes abrieron el espectáculo. Mario Raya se unió a María, para interpretar «Manifestación contra mi depresión». El público se vino arriba, al grito de «Andrés, capullo, quiero un hijo tuyo», y continuaron cantando con ambos cantantes. «Sin billete de vuelta» fue el siguiente tema, que hizo que todos los artistas invitados salieran al escenario.

Momentos de risas cuando Conchita volvió a salir para cantar «El gato», no sin antes invitar a dos de las espectadoras, que crearon una divertida coreografía de esta ocasión. Como anécdota, la cantante explicó que la primera vez que Lewin vio a este especial cuerpo de baile, empezó a reír sin parar.

«Rehén por rehén» llego de la mano de Marino Sáiz, quien quiso recalcar antes de empezar a cantar: «En mi opinión, y con todos los respetos, Lewin ha sido y es el mejor cantautor de la música española».

IMG_20160317_105048Luis Ramiro fue el último en interpretar un tema en solitario. A pesar de no querer hablar, por la misma emoción del momento, no quiso dejar pasar la oportunidad de recordar lo importante que fue Lewin para él, llegando a considerarlo un hermano. «Halley» fue la canción elegida por el madrileño para poner el broche final al espectáculo. Un espectáculo, que a pesar de todo, no terminó ahí. El videoclip de «Este fin», proyectado en una pantalla, consiguió arrancar las lágrimas en más de uno de los espectadores.

El punto y final lo marcaron todos los amigos de Andrés Lewin, que interpretaron conjuntamente la canción «Iluminados». Sin duda, un concierto repleto de magia.

«Van a quedarme muchas cosas que decirte pero esta despedida es imperfecta / las despedidas nunca son perfectas y siempre son tristes».

Las once horas de música en directo de «La Radio Encendida»

Love of lesbian

Fotos: Jennifer Gómez

Domingo 13 de marzo. La Casa Encendida acogía la décimotercera edición de «La Radio Encendida», evento musical organizado por Radio 3. Durante más de 11 horas, multitud de artistas y bandas ofrecieron conciertos en directo de media hora cada uno, retransmitidos a su vez en RNE y en «streming» a través de La Casa Encendida.

Un total de 22 bandas, organizadas en 9 bloques, pasaron por los escenarios del patio y del auditorio de La Casa Encendida. Además, también hubo una DJ set, en la que los presentadores de Radio 3 pincharon su música, haciendo bailar a todos los asistentes.

BozaBloque 2. Boza y Fetén Fetén

A la 1 en punto del mediodía, Carmen Boza abrió este segundo bloque, interpretando los temas de su primer disco «La mansión de los espejos». Espectacular, lo dio todo en el escenario, a pesar de haber pasado la noche en la carretera volviendo de Badajoz, donde actuó la noche anterior. La guitarra eléctrica y su característica voz se convirtieron en sus fieles compañeros durante media hora. «Octubre», «La mansión de los espejos» o «Fin» fueron algunos de los temas que la joven gaditana interpretó en La Radio Encendida. Tras finalizar el espectáculo Boza anunció que, con un poco de suerte, en verano habrá segundo álbum.

Detrás de la gaditana, actuó Fetén Fetén, que me sorprendió positivamente. Nunca los había escuchado, y a pesar de hacer folk instrumental, estilo que nunca me había llamado especialmente la atención, su actuación fue de 10. Los músicos burgaleses presentaron su trabajo más reciente, «Bailables». Fueron intercalando temas instrumentales, con otros en los que las voces de artistas invitados, como Andrés Suárez o Lichis, tomaban las riendas. 30 minutos de espectáculo en la que violín, violín trompeta, acordeón y contrabajo, formaron una fusión perfecta. Pero el cúlmen llegó cuando Fetén Fetén cerró el concierto, haciendo sonar el serrucho.

Miss CaffeinaBloque 7. Novedades Carminha, Ricardo Vicente y Miss Caffeína

Novedades Carminha abrió este séptimo bloque de conciertos, que comenzó a las 7.30 de la tarde en el patio de La Casa Encendida. Los gallegos aparecieron agradeciendo a la organización su participación en este ciclo indoor. Además, bromearon diciendo que «hasta ya saludaban a Love of lesbian». Nunca antes los había escuchado, aunque muchos de los espectadores lo dieron todo junto a los artistas. Quizás fue el grupo que más indiferente me dejó. Tan solo me quedo con la canción, «Antigua pero moderna».

«One, two, three». La presentación que hicieron de Ricardo Vicente puede que fuera la más divertida de toda la gala. Y así, marcando el ritmo, salió el artista junto a su banda. Tras una larga trayectoria en grupos como Tachenko, La Costa Brava o Nixon, el cantante presentó en La Radio Encendida, su segundo trabajo en solitario, «Hotel Florida». Gran media hora de espectáculo, pero un descubrimiento todavía mejor.

Y Miss Caffeína cerró este bloque. Los madrileños aprovecharon para presentar su nuevo disco, «Detroit». Gran parte del público los estaban esperando desde las 19.30 y eso se notó en cuanto comenzaron a tocar. Gritos de «Alberto, guapo», seguidos de saltos y jóvenes cantando.

Santi BalmesBloque 9. Love of lesbian y Niños Mutantes

 Tras un año y medio sabático, sin pisar ni un solo escenario, Love of lesbian regresaba a escena en este ciclo de conciertos. Además, llegaban apenas dos semanas después de publicar su último álbum, «El poeta Halley».

«¿Sabéis cada cuántos años pasa el Cometa Halley?, ¿y El Poeta Halley? Os lo digo yo: solo una vez en la vida». Tras esta bravísima presentación, se desató la locura y el público, que agotó las invitaciones solo 10 minutos después de que éstas se pusieran a disposición de los espectadores, se puso a bailar al ritmo de «Cuando no me ves». Un concierto demasiado breve, pero que no solo sirvió para avanzar un par de canciones de este nuevo disco («Cuando no me ves» y «Bajo el volcán»). Love of lesbian rescató con acierto las canciones «Belice», «Manifiesto delirista» y «Algunas plantas», con la que el público bailó, dándolo todo.

Magia es lo que hicieron anoche Santi Balmes, Julián Saldarriaga, Uri Bonet, Joan Roig y Joanra Planell. Magia es lo que siempre hacen cada vez que publican disco o hacen conciertos. Sin duda alguna, un espectáculo de matrícula de honor.


«El cuerpo deshabitado» y los problemas de ser adolescente

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Aldara está convencida de que, el día que nació, los hados se debieron de pillar una buena borrachera. ¿Por qué a ella le tocó la cara de pan, un pelo amorfo y carne al peso y no los ojos verdes, el tipazo de modelo y el hoyito en la barbilla de su hermana? Después de años de comparaciones más o menos sutiles entre ambas, Aldara se ha convertido en una adolescente inteligente y con un sueño, ser actriz. Pero en un mundo donde todos parecen perfectos, a menudo se siente como un mastodonte con acné. Y lo peor es que los kilos de más pesan tanto sobre su autoestima que la joven empieza a perder el control peligrosamente.

Dos días duró este libro en mis manos. En tan solo una noche ya había leído la mitad de la novela. Lo cierto es que a pesar de ser principalmente juvenil, su historia puede y engancha también al público algo más adulto.

Aldara es una adolescente acomplejada con su aspecto físico, ya que no puede evitar compararse no solo con su madre y su hermana, si no también con la que se supone que es su amiga, Carla, de la que se ha convertido en vasalla. Vive una lucha continua con su cuerpo, obviando su inteligencia. Como muchas adolescentes, piensa que el físico lo es todo, y que basta con un cuerpo bonito para obtener todo: el amor de Pablo o el papel de Julieta en la obra de teatro de su instituto.

Más allá de los problemas de autoestima de Aldara, la bulimia también se deja ver en la novela. Del mismo modo que las relaciones homosexuales y la persecución que todavía pueden llegar a sufrir. Una persecución que afecta personalmente al mejor amigo de Aldara, Hugo. Todas estas dificultades se van superando no solo con la ayuda de los padres y demás adultos que rodean a los personajes, sino que también se solucionan gracias al propio desarrollo y evolución de los protagonistas.

La novela narra y explica muy bien los grandes problemas que rodean a los adolescentes actuales. Un libro que no solo los puede ayudar a ellos, sino que también ayuda a los adultos. Gracias a él, les resultará más sencillo entender a los jóvenes. Una narración ligera, lenguaje sencillo y una historia escrita en primera persona que consigue involucrarte en los propios pensamientos de Aldara y te hace sentir que formas partes de ella. Sus dudas, sus problemas, sus confusiones, sus continuas disputas con su madre, su obsesión con el físico, su amor por Pablo, su pasión por el teatro o su achatamiento frente a Carla, se transforman en parte de la vida del lector mientras devora la novela.

«El cuerpo deshabitado» es una novela más que necesaria. Necesaria para concienciar a los adolescentes, que todavía no tienen una personalidad bien definida. Necesaria para que no solo ellos sepan cómo reaccionar ante cierto tipo de situaciones, sino también para que los adultos puedan detectar graves problemas como los alimentarios, y reaccione ante ellos rápido. En una sociedad cada vez menos deshumanizada y repleta de valores falsos e irreales, se necesita literatura realista, que afronte de manera lúdica problemas de gran alcance como los reflejados en esta novela. Como la propia María Menéndez-Ponte me aseguró en una entrevista: «Hay que hablar de los problemas del día a día. Y la literatura tiene que servir como reflejo de este mundo».


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