Me quito el cráneo: «Nosotros creíamos que tocábamos música country y zarzuela interestelar»

La risa y el esperpento trasladado al ámbito de la música. Con la incertidumbre de qué tipo de canciones hacen, «Me quito el cráneo» presenta su primer disco en la Sala BarCo de Madrid esta noche. Del día de hoy, sábado 12 de noviembre de 2016, no se sabe absolutamente nada. Todo lo que suceda a partir de las 23.00 horas, está en manos de Chumi, Carlos y Chus, los tres componentes de la banda madrileña «Me quito el cráneo».

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¿Cómo nace Me quito el cráneo?

«Me quito el cráneo» nació como una banda de country [risas]. No, en realidad, la banda surgió tras juntarme [Chumi] con Nacho, un componente del grupo que ya no está. Luego, se unieron Carlos y Chus. La verdad es que sonábamos bien, pero poco a poco, nos dimos cuenta de que los tres sonábamos aún mejor.

¿Por qué esa alusión con vuestro nombre, a «Luces de Bohemia» de Valle-Inclán?

Porque Valle-Inclán era esperpéntico, como nosotros, y encima Chumi lo ama con locura. Además, tenemos su brazo escondido en el local, como era manco [risas]. Con todo el tema del brazo, Valle-Inclán cada vez contaba una historia distinta para justificar que era manco. La verdad es que, en ese sentido, nuestras entrevistas son un poco igual. Pero a grandes rasgos, nos llamamos así, porque leímos la frase, y aunque al principio no nos gustó, al final nos acabó encantando. Y como no teníamos otro nombre mejor, nos quedamos con «Me quito el cráneo». Es más, tiene un contexto muy «chulo», el del esperpento. Al ser además una expresión, llama mucho la atención.

¿El hecho de considerar vuestro estilo como «difícilmente clasificable», tiene que ver con el tema del esperpento que hablabais?

Nosotros creíamos que tocábamos country y zarzuela interestelar, pero después de hacer una encuesta a 1.500 personas, todas dijeron que teníamos un estilo distinto. Así que, al final, optamos por decir que somos difícilmente clasificables [risas]. Que ya de por sí, el no querer hacer un estilo determinado, es un estilo. No es que huyamos de la etiquetas, es que no las buscamos. Simplemente, nos ponemos a hacer lo que nos gusta, cada uno con sus propias influencias. Lo bueno de venir al local con un nuevo tema, lo haya hecho quien lo haya hecho, es que al final los demás hacen lo que quieren. A excepción de algún arreglo que hacemos entre todos, nadie dirige y eso tiene muchos puntos buenos. Hay mucha libertad en el grupo y no nos ponemos límites entre nosotros.

¿Cómo ha acogido el público este tipo de música inclasificable?

Ten en cuenta que llevamos poco tiempo, ya que tras la marcha de Nacho hubo un parón. Sí que hemos hecho algún concierto, al que han ido principalmente amigos y amigos de nuestros amigos. Pero la gente se lo pasa muy bien y nos dicen que les gustamos. Aunque hay quien dice que hacemos música rara o que las canciones son totalmente distintas entre sí. Pero todo eso, para nosotros es indicador de que estamos haciendo las cosas bien, de que estamos consiguiendo lo que queremos. Incluso el productor Paco Loco, que es un gran profesional, se sorprendió. Después de varios días grabando con él, nos dijo que no sabía qué hacíamos. Para nosotros fue un subidón.

¿Qué supone para vosotros este primer disco?

Es una nueva etapa para «Me quito el cráneo», que hasta ahora no había sido real. Nos quedamos tres, rehicimos temas y creamos nuevos. Y todo eso en apenas tres meses. En definitiva, la música cambió. No tenemos un cantante principal y los instrumentos destacan, por ejemplo. El disco ha sido la meta y el punto de salida. Es una burbuja que nos permite reunirnos a los tres. Además, teníamos muy claro que queríamos grabar con Paco Loco. De hecho, lo cerramos todo con él incluso un año antes de meternos al estudio.

¿Cómo fue trabajar con él, con Paco Loco?

Inicialmente, le escribimos por correo electrónico y le contamos que éramos de su rollo y que queríamos grabar con él. A los diez minutos de mandarle el e-mail, nos llamó por teléfono. «¡Chus, soy Paco!», escuchamos al otro lado. Es un gran profesional, pero a la vez, es una persona tan sencilla. Es maravilloso. La verdad es que después de todo el trabajo que hicimos, fuimos al estudio con la incertidumbre de cuántas canciones grabaríamos, si ocho o diez. Al final, acabamos grabando las diez con bastante tranquilidad. Disfrutamos más que otra cosa. Además flipamos con él, porque a la hora de mezclar, Paco trabaja completamente solo. Es como un pastelero, que con la masa en bruto, hace auténticas obras de arte. Ese proceso, el cómo va dando forma al disco, es impresionante. Al escuchar el resultado final, no nos creíamos que hubiera salido de nosotros.

¿Qué supone para vosotros presentar el disco en la Sala BarCo, de Madrid?

Eso tiene su historia también, porque en su momento estuvimos buscando salas. Queríamos estas fechas, pero por lo general, no suelen decirte sí o no con tanta antelación. En realidad, queríamos actuar en el Vicente Calderón [risas]. Al final, pedimos como favor que nos dejaran actuar en la Sala BarCo y lo conseguimos. Lo cierto es que el sitio nos encanta y el trato es genial.

RECOMENDACIONES DE «ME QUITO EL CRÁNEO»

Hoy por hoy, de Javier Krahe

Come together, de The Beatles

No Surprises, de Radiohead

Whose Authority, de Nada Surf

The Poet and The Pendulum, de Nightwish


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