Guillermo de Jorge, el poeta soldado

GUILLERMO DE JORGEGuillermo George Hernández, o más bien reconocido como Guillermo de Jorge (Santa Cruz de Tenerife, 1976), estudió filología inglesa en La Laguna. Aunque quizás, este suboficial del Ejército de Tierra del Arma de Infantería es más conocido por su vertiente poética. De su estancia en Afganistán, surgió su poemario «Afganistán: Diario de un soldado». Considerado como «poeta soldado», el canario ha publicado más de una decena de libros, entre poesía, narrativa y cuadernos de guerra. Además, ha participado en encuentros literarios nacionales e internacionales y ha colaborado en publicaciones especializadas, como: Revista Literaria Río Arga, La Galla Ciencia o Culturamas.

Pregunta. ¿Cómo empieza tu relación con el mundo de la poesía?

Guillermo de Jorge. Lo cierto es que no sé a ciencia cierta. No recuerdo muy bien cómo empezo todo. Pero de lo que sí estoy seguro es que cuando empuñé por primera vez un lápiz para escribir, fue en legítima defensa. Porque no tenía nada ni a nadie en donde poder aferrarme. Sólo unos vagos recuerdos, una memoria deformada de la realidad, tan sólo un puñado de sueños y muchos fracasos donde naufragar.

P. ¿Quiénes son tus principales referentes en este sentido?

GdJ. Mis referentes literarios siempre han sido aquellos que, por alguna oscura razón, siempre han estado expuestos a la intemperie. Así pues, los poetas soldados de la primera y segunda guerra mundial, los poetas de la vanguardia europea, los poetas malditos del grupo cántico, los poetas norteamericanos de los años setenta, etc. Todos aquellos escritores y escritoras que lucharon en contra de los hombres.

 P. ¿Cuántos poemarios tienes publicados hasta el momento y cómo definirías tu trayectoria como poeta?

GdJ. Creo que más que poemarios publicados, me gustaría hablar de aquellos que están aún por escribir y, aquellos otros, que quedaron en el camino. Prefiero hablar de mi vida y de mis experiencias, más que de la trayectoria literaria. Ya que creo, firmemente, que la experiencia vital tiene que ir ligada al discurso poético. El escritor y, sobre todo, el poeta, debe de ser honesto con lo que escribe. Se debe a una serie de valores que debe de respetar, para poder respetarse a sí mismo. Es por ello, por lo que la honestidad en el texto poético es fundamental, para dar credibilidad al discurso poético. No me imagino a un poeta de la guerra civil, hablar de la primera guerra mundial en primera persona. Pero sí me imagino a un Miguel Hernández escribiendo una «Nana a la cebolla», porque su hijo es lo único que tiene para comer. Quizás, es ahí donde el discurso poético cobra mayor profundidad. No sólo hace falta estar cabreado para escribir. Se escriba lo que se escriba. Se diga lo que se diga, debe de ser a partir de la realidad y de la experiencia vivida. Todo lo demás, es parte del fictio o del discurso narrativo. Nada tiene que ver con el texto poético.

 P. ¿Hasta qué punto te sientes identificados con poetas clásicos como Jorge Manrique, Cervantes, Garcilaso o Calderón de la Barca?

GdJ. En el discurso. En lo que dicen. En cierta manera, en las vidas que llevaron, donde mostraron, a pesar de las dificultades de la época, que un mundo mejor era posible. La ilustración de la milicia, como punta de lanza de la cultura, junto con otros estratos sociales, contribuyeron en la medida de lo posible, a crear sociedaddes más justas. Y en eso, me hallo.

11896372_1621630484783624_7842144379142437423_o P. Considerado el «poeta soldado». ¿De acuerdo con esta definición?, ¿qué piensas tú de ella?

GdJ. Es dificil poder explicar esa definición. Sin duda alguna, me siento un poeta soldado, no un soldado poeta. Al igual que milito en la poesía, milito en el milicia. Es para mi un oficio, una religión de hombres honrados. Una manera de vivir, una manera de amar.

 P. Podría decirse que tu poesía tiene mucho de relato psicológico, al contar todo lo que viviste en Irak y Afganistán, ¿no?

GdJ. En efecto. La poesía en sí es un género donde la capacidad empática, junto con la pragmática y la amplitud semántica es fundamental. El texto debe de proyectarse desde el interior hacia el exterior, con la finalidad de confluir con los demás seres que tienes alrededor. Creo que sería muy egoísta por mi parte, aceptar ese postulado no científico, al que evocan muchos poetas a escribir para ellos. No les importa en absoluto lo que piense o crea el lector. En ese caso, creo que el distanciamiento de la poesía actual o más reciente con respecto al lector ha sido precisamente por eso. Porque ha existido una manifiesta despreocupación, por parte del poeta, hacia el lector. La poesía, como la vida, debe de ser un punto de confluencia entre seres humanos que en la distancia se necesitan.

P. ¿Cómo fue compaginar tu trabajo como militar en estos lugares con la de escribir poesía?, ¿te sirvió como terapia?

GdJ. Con mucha resignación. La verdad es que no te planteas ir o viajar a esos escenarios para escribir, aunque lo intuyes –recuerda que escribo en legítima defensa-. Pero debo de reconocer que tiene su parte de catarsis. Tiene su parte de purificación, ante una realidad brutal que te rodea y que tienes que drenar, aunque sea a costa de la vida propia.

 P. ¿Cómo definirías tu experiencia en ambos países?

GdJ. Se forja una relación de sentimientos encontrados. Por un lado, la miseria y la pobreza y, por otro lado, el íntimo secreto de saber que eres afortunado. Y que el simple hecho de despertarte por la mañana, abrir los ojos y no temer a nada ni a nadie, no tiene precio.

 P. En «Afganistán: diario de un soldado» recoges todas tus vivencias en ese país. ¿Cómo surge la idea de recopilar todos estos poemas en un libro?

GdJ. En mi estancia en Irak, quizás por la falta de madurez personal o por no estar preparado en términos literarios para abordar un proyecto como «Afganistán: Diario de un soldado», me quedé con la deuda de escribir in situ todo aquello que viví. Cuando me dieron la orden de desplegar junto con mis compañeros en aquellos territorios, pensé que la mejor manera de abordar aquella nueva situación era por medio de un Dietario. Un formato que me permitía expresar y plasmar mis vivencias siendo honesto y fiel a la realidad que experimentaba. Dejando, en algunos caso, los artificios y recursos estéticos, para dar forma a un discurso, que se preveía muy complicado, y que tenía que respetar a todos aquellos compañeros que, en cumplimiento de su deber, dieron sus vidas.

P. ¿Alguien a quien se lo dediques especialmente?

GdJ. Este diario está dedicado a todos aquellos compañeros que dieron su vida en acto de servicio o en combate. Y, en especial, al Sargento Primero Joaquín Moya y al Sargento Antonio Abril.

 P. ¿Tienes algún nuevo proyecto poético en mente o por el momento, seguirás publicando en tu blog?

GdJ. Siempre tienes la mente ocupada en algo. En estos momentos, estoy dedicado en exclusiva al Diario, pero sin dejar de mirar nuevas fórmulas, nuevas propuestas para materializarlas en un futuro que se antoja lejano. Ahora es momento de digerir el diario y con él, las experiencias y dejar que el tiempo haga el resto del trabajo. Ya sabes. El trabajo, el esfuerzo, la vida en sí, debe de seguir su camino, sin forzarla. Aunque siempre hay que dejar espacio para la impronta.

P. ¿Tienes algún recital programado?

GdJ. En principio, en abril presento en Navarra «Afganistán: Diario de un soldado». En mayo, estaremos en el País Vasco. En junio, julio, agosto y septiembre, en Andalucía. Y a finales de año, presentaremos en las Islas Canarias.


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