Los «olvidados» de los Goya

Algunos pueden presumir de tener más bustos en su estantería que los directores con los que trabajan. Otros tienen en sus manos el futuro del cine español.

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Son los responsables invisibles de que brillen los directores y actores que acaparan los flashes en la alfombra roja. Algunos, incluso, pueden presumir de más Goyas que las estrellas; otros, los que se dedican al cortometraje, de ser el futuro del cine español, pero los medios de comunicación, año tras año, les niegan el protagonismo. Profesionales premiados como Reyes Abades o Alberto Iglesias les sonarán solamente a los cinéfilos más acérrimos. Sean los ganadores de las llamadas categorías técnicas, las de cortometraje, la cinta de animación o la película documental, todos tienen en común que son los grandes desconocidos de los Goya.

La gran noche del cine español todos se preguntan qué película se proclamará como la mejor del año y que intérprete se llevará a su casa un «cabezón». Y al espectador le toca esperar, porque esas son las últimas categorías en desvelarse. La expectación mediática es inversamente proporcional al orden en el que los galardones aparecerán en la gala. Es por eso, que la Academia en una apuesta estratégica se apresura a entregar primero, casi de carrerilla, las mal llamadas «categorías menores» y dejar para el final aquellas que van a mantener al espectador en vilo y despierto las tres horas interminables que suele durar la ceremonia.

Pero el orden se convierte en una cuestión menor frente al hecho de que no todas estas disciplinas han estado presentes en el palmarés de los Goya desde aquella primera edición celebrada en el Teatro Lope de Vega de Madrid en 1987, donde solo Mejor Música, Mejor Fotografía, Mejor Montaje, Mejor Dirección Artística, Mejor Diseñode Vestuario, Mejor Maquillaje y Mejor Sonido fueron contempladas. Un año después, se sumaban Mejor Dirección de Producción y Mejores Efectos especiales. Un poco más, hasta 1990, tuvieron que esperar Mejor Película de Animación y Mejor cortometraje para ser incluidas.

En la séptima edición, en 1993 se distinguió por primera vez entre Cortometraje Documental y corto de Ficción. En la novena edición de los premios, en 1995, se recuperó la categoría de Mejor Película de Animación, tras años de ausencia, y se introdujo el premio al Mejor Cortometraje de Animación. Las buenas noticias para estas categorías convivieron con un nuevo revés: desapareció el galardón para el corto documental más destacado, premio que regresaría en 1997. Y es que, en los años 90, el cortometraje sufre un maltrato que lo relega y reivindica a partes iguales. Años en los que solo hubo un galardón para el cortometraje -fuera cual fuera su género- se alternaban con otros donde regresaba la tríada de premios. Hoy parece natural que Pablo Alborán opte al Goya a Mejor Canción Original 2016 por su trabajo en Palmeras en la nieve, pero esta categoría apenas tiene 15 años, frente a los 30 de los premios. ¿Y la más joven? El Goya a Mejor Película Documental que vio la luz en 2001, se lo llevó En construcción de Oviedo TV.

Afortunadamente, con el paso de las ediciones, la Academia cada vez más ha puesto el valor el trabajo de estos profesionales, llegando incluso estas categorías a protagonizar anécdotas inolvidables sobre el escenario. ¿Quién no recuerda a Rossy de Palma, con un traje espacial, y flanqueada por el irónico robot Paco? La «chica Almodóvar» y la versión robotizada de Francisco de Goya eran los encargados de anunciar el Premio Goya a Mejores Efectos Especiales en 1991. Casi 20 años después, en 2010, el presentador de la gala, Andreu Buenafuente y el popular personaje animado Pocoyó entregaban el Goya a Mejor Película de animación que recayó en Planet 51. Su aparición no era casual, sino el resultado de una encuesta por internet entre el público español que lo convirtió en el candidato más votado. Una apuesta que daba visibilidad a la animación española, siempre lastrada por lo extremadamente caro de su producción, y que reivindicaba que la industria del cine va mucho más allá de los protagonistas del photocall.

LOS GOYA

Ahora bien, ¿los pequeños guiños -que la Academia ha ofrecido en algunas ediciones- han dado más visibilidad a dichas categorías?, ¿o han permanecido como unas simples anécdotas?

El compositor Alberto Iglesias ha escrito música para numerosas películas españolas e incluso extranjeras. Ha trabajado con cineastas como Pedro Almodóvar o Julio Médem. Este artista ha ganado diez Goyas y ha sido reconocido internacionalmente con tres nominaciones a los Oscar en la categoría Mejor Música Original. Este año vuelve a está nominado por la película Ma ma.

El premio a Mejor Cortometraje es otra de las categorías menos visibles. A pesar de eso, algunos cineastas comenzaron su andadura precisamente en este género. Entre ellos, el guionista, actor y director más humorístico, Santiago Segura. Ganó su primer Goya a Mejor Cortometraje de Ficción por Perturbado en 1993.

Daniel Guzmán opta a seis premios Goya este año por la película A cambio de nada, pero hace seis años ganó el premio a Mejor cortometraje de ficción con Sueños. La trayectoria de Daniel Sánchez Arévalo es parecida. Fue nominado en 2004 por su cortometraje Express y a los tres años, ganó el Goya a Mejor director novel por AzulOscuroCasiNegro.

Algunas categorías son muy jóvenes y no suelen destacar sobre las demás. El premio a Mejor película documental comenzó a entregarse hace cinco años. Aun así, dos cineastas catalanes como Isabel Coixet o Carlos Benpar consiguieron dos estatuillas cada uno.

El premio a Mejor película de animación no se otorgó durante las tres primeras ediciones de los Goya. Maite Ruiz de Austri es una de las directoras que más premios Goya (dos) ha obtenido en esta categoría. El primer año que la cineasta se presentó no tuvo competencia, no hubo más candidatos nominados, solo su película El regreso del viento del norte. El dúo formado por Ángel de la Cruz y Manolo Torres también se llevó dos premios cada uno por las cintas, El bosque animado y El sueño de una noche de San Juan.

Este año hay dos proyectos, que a falta todavía del resultado final, han conseguido un hueco entre los nominados, a pesar de no poseer tampoco un gran renombre. Por un lado, está la película documental Sueños de sal, dirigida por Alfredo Navarro, que siendo una producción modesta, se ha promocionado muy bien a través de las redes. Por otro lado, está el cortometraje de animación La noche del océano, de la valenciana María Lorenzo.

sueños de sal

Sueños de sal nació en una pequeña localidad de Alicante, Novelda, como un proyecto por y para el pueblo. Durante dos años, el director Alfredo Navarro, apoyado por el productor Jesús Navarro, contó las historias de cuatro noveldenses, que a pesar de sus problemas y limitaciones, luchan por sus sueños. Un trabajo muy curioso el de los protagonistas, que más que mostrar su vida, terminaron interpretándose a sí mismos, incluso sin ser actores. Y es así cómo nació esta película documental. «La idea inicial es que fuera un cortometraje, porque era un proyecto que podíamos abarcar y requería menos dinero y tiempo. Pero luego evolucionó tanto, que nos dimos cuenta de que era insuficiente. Elegimos cuatro personajes, cuyas vidas se puede contar en un corto, pero no de la misma manera», explica el director del film.

Esta producción local, que cuenta con una mínima inversión y con recursos muy limitados, ha sido nominada a Mejor Película Documental, a pesar también de ser el primer proyecto de la productora Condimentafilms. Navarro, narra que fue toda una sorpresa, ya que compiten con trabajos muy potentes, que además cuentan con grandes equipos técnicos y con profesionales muy formados. Así y todo, el equipo de Sueños de sal ansiaba llegar a la gran pantalla: «Nuestra ilusión era ir a pantalla y llegar lo más lejos posible. Es más, es muy bonito pensar que nuestro primer proyecto como productora, ya haya llegado a los Goya».

Independientemente de si ganan o no, el equipo está muy satisfecho por haber llegado donde han llegado, pues según Alfredo Navarro, «es como entrar por la puerta grande en el mundo del cine. En España, estamos llegando a lo más lejos que se puede llegar, porque los Goya son el mayor reconocimiento a nivel nacional».

Por su parte, otra de las grandes nominaciones dentro de estas categorías olvidadas de los Goya, ha sido la de María Lorenzo, directora del cortometraje de animación La noche del océanola noche del oceanoEs cierto que este trabajo ha contado con algo más de apoyo, en esta ocasión por la ciudad de la que procede la directora. «En Valencia sí se está apoyando la producción de animación. De hecho está considerada un producto “cultural de difícil financiación”, por lo que se puede llegar a solicitar un porcentaje muy alto de la financiación; aunque eso no soluciona el problema de los gastos, ya que las subvenciones solo se hacen efectivas en un plazo posterior a la acreditación de todos los gastos. Esto significa que no se puede comenzar un proyecto sin tener liquidez, pero por lo menos puedes estar seguro que de un corto con cierto éxito te va a devolver, al menos, lo que te costó hacerlo».

Este ámbito de los premios está olvidado por numerosos motivos. Además de no llegar a salas, también están eclipsadas e invisibilizadas por otras propuestas, como Disney, Pocoyó o Los Simpsons. Sin embargo, sí que es cierto que este género se mueve muy bien por los festivales. La propia directora de La noche del océano lo explica. «Las categorías de cortometraje son menos conocidas porque no son formatos comerciales que lleguen a las salas y no tienen publicidad. Pasa lo mismo con las categorías técnicas porque, ¿quién conoce un técnico de sonido? Pero sí conocemos a los actores, son las caras más visibles del cine».

Este cortometraje de animación ha pasado ya por un total de 40 festivales. Y es que la vida de los cortos no se entiende sin la visualización de los mismos. «El propio corto no puede hablar por sí mismo si no llega a verse. Los académicos disponen de un servicio online para poder visualizar todas las películas candidatas durante la votación, pero en el caso de cortometrajes es frecuente que no estén accesibles hasta la última semana de ese período. Por esa razón, hace ya años que muchos candidatos optan por preparar DVDs de sus cortos y los envían por correo a los académicos, pero imagínate el coste que eso supone, porque académicos hay en torno a 1.120. En Valencia, la Filmoteca hace un gran trabajo de promoción, asumiendo esta labor. Los resultados han sido muy buenos, ya que de los cuatro cortos valencianos que eran candidatos, dos han logrado nominación», narra María Lorenzo.

El caso de Hollywood

Oscar

Este tipo de categorías en los Óscar, al contrario que en España, lleva una trayectoria de difusión mayor. La categoría de mejor cortometraje empezó a entenderse como tal a partir del año 1974, Best Live Action Short Film. Con anterioridad al año 1931, era conocida como Best Short Subject. Todo esto es aplicable a la categoría de mejor cortometraje de animación. Distinto fue la categoría al mejor documental, el cual no vio la luz en los Óscar hasta la década de los años cuarenta, Best Documentary Feature.

Suele pasar, al igual que en el resto del mundo, que tanto los cortometrajes, sean o no sean de animación o documentales, tienen menos repercusión que los largometrajes o categorías dedicadas a las grandes estrellas de Hollywood. No obstante, son las marcas las que más pueden alzar más este tipo de categorías, tales como la productora Pixar. Sus cortometrajes de animación son a menudo guiños o «spin off» de grandes películas de la compañía Disney. Uno de los cortos de animación más conocidos o con más repercusión de los últimos años fue Paperman, que se alzó con la estatuilla en el año 2012.

Siete años antes, en 2005, el corto español Éramos pocos, dirigido por Borja Cobeaga, fue nominado a la categoría de mejor cortometraje, dando una gran visualización de este producto español.

En términos de documental, ha sido el señor Michael Moore quien ha dado a conocer más esta categoría, por sus documentales críticos con el modelo social y económico de Estados Unidos. En 2002 ganó el Oscar por Bowling for Columbine, donde destapaba el fácil acceso que tiene la sociedad americana a las armas de fuego y la irresponsabilidad del gobierno por no evitar matanzas, como la del instituto de Columbine en 1999.

A pesar del poco trato que tienen las categorías de los cortometrajes en nuestro país, precisamente ha sido un corto la producción española que más lejos ha llegado este año en los Oscar. El corto Minerita consiguió colarse en «shortlist» de los premios de Hollywood de 2016. Un título que narra la historia de tres mujeres bolivianas que trabajan en la mina del distrito Cerro Rico, en Potosí.

Ya sea un largo o un cortometraje, cualquier producto cinematográfico trae consigo un importante trabajo de organización, producción y puesta en marcha que merece ser reconocido. Pero no sólo a través de prestigiosos galardones como los Goya o los Oscar, sino también con presencia en los medios de comunicación para lograr que sus nombres lleguen al gran público. Y la misma reivindicación para las categorías técnicas. Porque sin montaje, vestuario, diseño, maquillaje, iluminación o sonido, entre otros, al séptimo arte le faltaría algo, le faltaría su esencia.

Reportaje realizado por Beatriz Brea, Manuel Collantes, María Gil, Lourdes Martínez y Lidia Nanagyulyan

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2 comentarios (+¿añadir los tuyos?)

  1. Jose Antonio Marco
    Ene 27, 2016 @ 14:49:35

    Me ha encantado este artículo. Muy importante la labor de aquellas personas que trabajan por el cine español y que no salen proyectados en la gran pantalla.

    Responder

    • LuluMartnez
      Ene 27, 2016 @ 22:19:29

      Así es José Antonio. Siempre reconociendo y dando valor a los trabajos pequeños, hechos con tanto cariño. Lo de Sueños de sal no sólo es un orgullo para los noveldenses, también para los que somos de los pueblos de alrededor. ¡Un saludo!

      Responder

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