Ser un mecenas

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Grecia y Roma fueron, sin duda alguna, las cunas de la cultura en Occidente. Así lo demostraron autores como Horacio y Virgilio, que gracias a la ayuda de Cayo Mecenas se convirtieron en dos de los referentes más importantes de la literatura. Sin embargo, la época de máximo esplendor del mecenazgo fue el Renacimiento: Brunelleschi, Donatello, Rafael Sanzio o Miguel Ángel son solo algunos de los artistas descubiertos por terceras personas.

Esta práctica ha perdurado en el tiempo. Y por supuesto, ha evolucionado. Internet ha abierto muchas puertas a todo aquel que quería sacar adelante su proyecto: cine, música, literatura…ha servido además para descubrir a jóvenes promesas con talentos ocultos. De esta manera, en España surgieron plataformas como Lanzanos o Verkami.  Maxi Velloso, Paco Soto, Alfredo Navarro, Pilar Arejo o J.P. Prewitt son solo algunos de los artistas que  han revolucionado  el panorama cinematográfico y musical alicantino.

Durante años, el micromecenazgo ha funcionado bien. El artista acude con su proyecto a las plataformas de crowdfunding, y a través de ellas, personas y empresas aportan su granito de arena. Para ello, como dice Alfredo Navarro “hay que ser sincero, decir cómo vas a desarrollar tu idea, para que las personas decidan invertir o no”. La verdadera pregunta es que si este modelo de financiación ha dado buenos resultados, ¿por qué cambiarlo? ¿Existe una necesidad real de regular el crowdfunding o es una excusa del gobierno?

El Anteproyecto

Según el gobierno, el proyecto de ley pretende regularizar esta práctica, para “garantizar la transparencia y que los inversores dispongan de información suficiente”. De esta manera, 3.000€ será el límite de inversión por proyecto y 6.000€ por plataforma. Además, el texto preliminar establece que cada empresa debe tener unos requisitos financieros mínimos y un seguro de responsabilidad civil ante cualquier reclamación.

“El crowdfunding te abre más mercado y hace que tu proyecto lo vean más personas además de tu familia y amigos” afirma Alfredo Navarro. Según el cineasta noveldense, “no se debe limitar, sino ayudar”.

“El micromecenazgo es un trato entre partes privadas”, asegura Maxi Velloso. “De lo que debería preocuparse el gobierno es de promover plataformas de este estilo y tratarlas como empresas particulares, sin inmiscuirse en su funcionamiento interno”.

¿Qué pasará entonces si se aprueba la ley? Ambos cineastas coinciden en que surgirán nuevas alternativas si el gobierno consigue limitar y controlar el mecenazgo. “Aparecerá una forma de crowdfunding más privada, sin intermediarios entre el creador y el inversor”, cuenta Velloso. Por su parte, Navarro dice que con menos medios se pueden seguir haciendo buenos proyectos. Pero para ello, “hay que cambiar el chip”.

Micromecenazgo en Estados Unidos

“El crowdfunding en EEUU está mejor visto que en España. La intervención gubernamental se limita a tratar a las plataformas como empresas privadas y punto”, asegura el director argentino. “En Estados Unidos se favorece el crowdfunding, de tal manera que quien invierte dinero en nuevos proyectos, se desgrava un porcentaje de los impuestos. En España también desgrava, pero la costumbre no está tan arraigada”, añade el cineasta noveldense.

Cualquier emprendedor en Estados Unidos puede anunciar públicamente su proyecto con el único fin de conseguir financiación privada. La Administración americana ya se encargó de acabar con la prohibición que impedía esta práctica. Además, permitirá a cualquier ciudadano mayor de 18 años aportar dinero en negocios privados. Y es que, ¿cómo no promover el crowdfunding si en 2014 creará casi 300.000 puestos de trabajo e inyectará 65.000 millones de dólares a la economía americana?

Novelda- Japón 0 euros.

En 2008, Alfredo Navarro se propuso llegar desde Novelda (Alicante) hasta Japón sin dinero. Durante los dos meses y medio que duró el viaje, pasó por París, Venecia, Berlín, San Petersburgo y Vladivostok hasta que finalmente, acabó en Osaka. Navarro contaba cada experiencia vivida en su blog, en el que escribía y subía vídeos a tiempo real. “Lo que pedía era ayuda, no dinero. A cambio de transporte, cama o comida, yo hacía un pequeño reportaje de las vidas de aquellos que me tendían su mano” cuenta el noveldense. Finalizado el viaje y llegado el momento de la post-producción, se puso en marcha el proceso de micromecenazgo. Gracias a la participación de todos los que creyeron en el proyecto, Alfredo Navarro pudo crear su libro-DVD con todas las fotografías y vídeos tomados durante su travesía.

Este es solo uno de los tantos ejemplos que demuestran que el crowdfunding en España funciona. Aunque no lo parezca, la cultura mueve masas. “Cuando inviertes, te tiene que gustar el espíritu más que el proyecto en sí”.

El gran interrogante en estos momentos es: ¿tendrá futuro esta propuesta del gobierno? En cualquier caso, como dice Alfredo Navarro “podrán quitar el crowdfuding, pero internet y las redes sociales, no”.

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